Si nuestras recetas fueran orientales

30 01 2011

Reconozco que me encanta la comida oriental y que, siempre que puedo, trato de ir a algún restaurante especializado . Pero no es que solamente sea un fan incondicial de un buen pato cantonés o de las piezas de sushi de anguila, también he de reconocer que algunos nombres de algunas especialidades tienen algo de poético que les da un nosequé especial . Me explico: ¿sería lo mismo degustar una “familia feliz” que comer algo tan sencillo como un plato de carne, verduras, calamares y sepia?; ¿no fardamos más si invitamos a nuestra pareja a comer “fideos que cruzan el puente” en lugar de una sopa de fideos con col, pollo y pescado?;  ¿no es de valientes meterse en la boca “hormigas que suben al árbol” en vez de tallarines con verduras y guindilla?; ¿o a que es más interesante pedir “carne de sol” que huevos al vapor con carne?

Como véis un buen nombre hace de un plato sencillo algo más exótico. Quizá es hora de que nosotros adoptemos esa costumbre y, para potenciar nuestros sencilla comida, tiremos de metáforas. Aquí os pongo unos ejemplos:

Si nuestra comida tuviese acento asiático


¿Quién mejor para ilustrar este post que Andrés Calamaro cantando “Comida China”? (Si queréis pasar del músico e ir directamente al texto podéis).


Sol furtivo que ilumina la paja”: Muy bella la imagen del astro rey lanzando rayos a través de las nubes para bañar de luz campos dorados. Pero ojo, amigos, que con esto designaríamos a los clásicos huevos fritos con patatas. Ya sabéis: las patatas fritas serían la paja; la yema, el sol; y la clara la nube.

“Cónclave marino sobre coral dorado”: Quien dice “dorado” dice amarillo, quien dice “coral” dice arroz, y quien dice “Cónclave  marino” dice varias especies de mar en el mismo plato. Vamos, que estamos hablando de una paella de marisco.

“Rubíes en lecho fluvial al atardecer”: ¿qué puede ser algo rojo con algo que parecen piedras de río flotando en caldo anaranjado? ¡Bingo! La fabada asturiana (con sus fabes, su caldo rojo y sus rodajas de chorizo). Si se le quiere añadir panceta o manteca tiraremos de otras piedras preciosas u otro tipo de rocas (“granito rojo” o algo así).

“Mediodía del guerrero”: Se trata de un plato redondo y amarillo como un sol. Lo de guerrero es porque para hacer uno de estos platos hacen falta “muchos huevos”. ¿Qué puede ser? ¡Sí! Nuestra clásica tortilla de patatas. Eso sí, sin cebolla (si la tuviera sería un “medíodía del guerrero triste”, por lo de la cebolla y las lágrimas).

“Tesoro en el naufragio”: Un nombre dramático para un plato contundente. Imaginad milles de perlas flotando, entre los retos informes de un hundimiento. Una imagen perfecta para una sopa de cocido con garbanzos. Aunque un pelín gore, lo reconozco.

“El placer de la venganza”: Este conciso pero brutal a la vez que voluptuoso nombre sería para uno de esas delicias que saben mejor cuando se sirven frías. Sí, me refiero a las croquetas.

Aunque, ahora que lo pienso, no haría falta tanta tontería. Nosotros  ya tenemos la “ropa vieja” (garbanzos fritos con carne, verduras y huevo), las “patatas revolconas” (patatas con torreznos y pimentón), la “olla podrida” (antepasado de los actuales cocidos) o el “bienmesabe” (que es tanto pescado adobado como un dulce de huevo y almendras).

Olvidad entonces lo que he dicho.

P.S.: Pero si se os ocurre otro nombre para otras recetas decídmelo.

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