Una gran inversión

16 03 2007

Esta es una de esas “leyendas modernas” que circulan por la ciudad de Chicago. La mayoría de la gente dice que es verdad pero, y como bien diría algún gánster… “¿En serio hubo alguien con tantas agallas?”

Chicago, años 20. Alphonse Gabriel Capone, “Al” para sus amigos (nadie tenía las narices de decirle que le caía mal) era el ganster más temido y poderoso de la ciudad. Por supuesto, también era el que tenía más dinero.

Al Capone, el único hombre que supo celebrar “San Valentín” en condiciones

Pues bien, un día recibió la visita de un hombre que se hacía llamar “Conde Lustig”. Este conde, elegantemente vestido, educado, apenas atemorizado por sola presencia del gánster y lleno de confianza en sí mismo, pudo convencer a Al Capone de que, si le prestaba 50.000 dólares, podría doblar la cantidad con total garantía. Al,  impresionado por la actitud del conde, decidió seguir el juego y prestárselos.

A los dos meses Lustig volvió a casa del gánster, pero sin la seguridad ni confianza tan arrolladas que antes había tenido. Se plantó ante Al Capone y le dijo:

– Por favor, le suplico que acepte mis disculpas. El plan que tenía no salió como yo esperaba. Lamento decirle que me equivoqué.

Podéis imaginar cómo le sentó esto a Al Capone. Se disponía a dar una orden a uno de sus matones para que se cargara al conde, cuando Lustig sacó de su abrigo los 50.000 dólares y los dejó en la mesa.

Al Capone se quedó pasmado. Miró al conde y le dijo:

– Pensaba que usted era un estafador. Esperaba que me trajera 100.000 dólares o nada, pero nunca hubiera pensado que sería tan honrado como para conseguir de nuevo los 50.000 y devolvermelos. De verdad que usted es de la poca gente honrada que queda.

Y mientras decía esto, tomó 5.000 dólares de lo que había en la mesa y se los entregó a Lustig como pago a su honestidad.

La moraleja de esta historia podría ser que, tratados con amabilidad y honradez, hasta los peores elementos serán agradecidos. Pero, chic@s, hay un detalle que os tengo que explicar antes de que hagáis caso a esta enseñanza…

El “Conde Lustig” sí que era un estafador. Cuando tomó los 50.000 dólares los metió en el banco y no hizo nada con ellos. Los sacó a los dos meses y volvió a casa de Al Capone para organizar toda la pantomima que hemos visto…

… Y es que Lustig, desde un principio, sólo quería estafarle a Al Capone 5.000 dólares. Los mismos 5.000 que el gánster le dio por su honradez.

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4 responses

16 03 2007
Tresblau

Como dices suena a leyenda. Creo que en realidad fue algo así:

– Por favor, le suplico que acepte mis disculpas. El plan que tenía no salió como yo esperaba. Lamento decirle que me equivoqué.
– RATATATATATATATATA (sonido metralleta ganster)A la olla de acido con el Conde Lequio este.

La mafia es la mafia, no una ONG.

16 03 2007
Megumi

jajajaja cosas de la vida…. dicen en mi tierra que a todo santo le llega su San Martìn….

16 03 2007
Kotoko Tsuzuky

Jajajaja, yo soy más de la opinión de Tresblau… además con lo chulis que eran las metralletas había que hacer uso!!

Si hay algo que nos enseña tu entrada es que hay que tratar bien a la gente (que los mafiosos también somos personas) jajajajajaja…

Saludos ^^

23 05 2007
Boy George

Oh wait. Yes, I have. I’m sorry, but I just don’t have it in me right now to type it all out again. Besides, it was just ramblings anyway. You didn’t want to hear me go on and on about this, right?

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