Como sabéis los sábados por la mañana ayudo a mis padres en el negocio familiar: la frutería. Os conté que muchas veces clientes y clientas se confunden a la hora de pedir las cosas. Pues bien… No sé si alguno de ellos habrá leído aquel post titulado “Tres de whisky, un porro, ¿una rama de opio?” pero ese tipo de errores apenas se producen ya. Eso sí… están siendo sustituidos por una amenaza mayor y aún más terrible: una extraña confusión de lenguaje elemental y conceptos con extrañas consecuencias. Voy a comentar unos pocos:
E.C.L.E.C.E.C
1. “Señora, estos plátanos son canarios, de la misma Formentera”: Gol en propia puerta. Mi padre confundió la isla canaria de Fuerteventura con la isla balear de Formentera. No fue tenido en cuenta: supongo que es porque desde una isla a otra hay solamente hay 2.472 kilómetros y eso, en la era de la información, no es nada. Lo que no explico es por qué mi padre pensó en Fuerteventura cuando allí no hay plantaciones de plátanos.

Aquí está para que os hagáis la idea: un error de miles de kilómetros
2. “Anda que… ¡menudo bastardo habéis criado!”: Esto lo dijo una clienta refiriéndose a mí. Por supuesto mi madre puso los ojos como platos, se palideció y con un hilillo de voz sólo pudo preguntar “¿Qué ha dicho?”. Afortunadamente se recompuso, pudo redirigir la conversación y averiguó que la buena mujer quiso decir “vástago”.
3. “No he podido venir en toda la semana. A mi marido le ha dado un pólipo frenético”: La verdad, no me quedó muy claro si el pobre marido de esta señora sufría de pólipos en las cuerdas vocales o le había dado un cólico nefrítico. Aunque podía ser algo peor: quizá ese señor había invocado a uno de los monstruos que describía Lovecraft y había recibido su merecido por semejante y blasfemo horror (en tal caso, me gustaría conocerle).

¿Podría ser esta la inmunda, blasfema y tentacular imagen del horror caótico y reptante del pólipo frenético?
4. “Mi hijo está hasta las narices de sus alumnos: me ha dicho que va a cogerse un año selvático”: Supongo que el hombre que dijo esto se refería a un “año sabático” para descansar, pero también es verdad que si quieres dar clase a esas fieras llamadas “alumnos de instituto” un buen entrenamiento sería irse a la jungla africana y buscar a Tarzán para que le enseñara a tratar con semejantes bestias.

Por supuesto, lo de aparecer un día en clase con taparrabos es opcional
5. “- Si hay algo que me repatea son los yanquis – dice la señora.
– Bueno… también habrá gente buena en América – respondo yo.
– Me da igual si son malos o buenos: lo que no me gustan son sus pelos”
Esto hizo que la cabeza me diera vueltas. No porque tardara mucho en comprender que en vez de a “yanquis” se refería a “punkies”, sino porque hacía unas semanas otra mujer me había pedido “punkies” refiriéndose a los “kiwis” con lo cual, cuando hablaba de que no le gustaban sus pelos ¿se refería a las crestas de la tribu urbana o a la pelusilla de la fruta neozelandesa?
En fin, que la próxima vez que renueve mi curriculum voy a poner que tengo nociones del “marujés”. Seguro que con esto consigo trabajo como intérprete en las Naciones Unidas.







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