Esto no acaba de ser una curiosidad histórica. Es más bien una leyenda, pero tiene su utilidad: si alguno de vuestros amigos o amigas este fin de semana se pone a hablar de lo que han dicho en “Dolce Vita”, “Salsa Rosa” o cualquier programa de cotilleo esta historia os servirá para cambiar de tema rápidamente y llevar la conversación a temas más divertidos como lo paranormal.
Cuentan que Rainiero I de Mónaco (1267-1314) tuvo una amante, unos dicen que flamenca (de Flandes), otros dicen que zíngara, que estaba locamente enamorada de él.

No he encontrado fotos ni cuadros de Rainiero I ni de la amante flamenca, así que os dejo lo que más se parece para que os hagáis idea.
Pasaron bastante tiempo juntos: se prometieron amor eterno, se veían a escondidas, se fueron a la cama… En fin, lo de siempre.
Pero como suelen pasar en las ocasiones en las que un noble se liga a una pobre chica del vulgo (aunque eso pasa aunque no sea noble), Rainiero Grimaldi se cansó de ella y la dejó para irse con otra.
Podéis imaginar cómo quedó la pobre flamenca: engañada, abandonada y con un montón de promesas que se habían quedado en nada. Aquello pedía venganza. Y lo hizo, pero de una manera muy especial: buscó una bruja y se convirtió en su alumna.

¡Le vas a poner al Rainiero ese dos velas negras!
Pacientemente, y después de aprender los secretos de la bruja, la flamenca esperó pacientemente el mejor momento. Y este llegó el día de la boda de Grimaldi con la otra mujer. La flamenca pasó la noche anterior haciendo maleficios y conjuros… pero faltaba algo: La maldición que pusiese la firma a todos ellos, las palabras que harían que Rainiero se arrepintiera de su decisión toda su vida y que serían recordadas largamente por sus descendientes.
El mismo día de la boda, las dijo. Cuando vio salir de la iglesia a la “feliz pareja”, se abrió pasó, se colocó delante del Príncipe de Mónaco y le dijo:
- ¡Nunca, nunca encontrará un Grimaldi la felicidad en el amor! – y se fue.
No sabemos cómo acabó el matrimonio de Rainiero I (quizá lo hizo tan mal que por eso no hay crónicas), pero no cabe duda de que sus descendientes son víctimas de ese maleficio:
Los padres de Rainiero III (el de la foto que puse al principio) se divorciaron.

Grace Kelly (mujer de Rainiero III) murió en un accidente de tráfico.

Carolina de Mónaco se divorció de Philippe Junot; su segundo matrimonio, con Stefano Casiraghi, terminó trágicamente cuando él murió en un accidente de lancha motora; y ahora está con Ernesto de Hannover, así que imaginad.

Estefanía… bueno… ya sabéis lo de Ducruet, el guardaespaldas, el trapecista, el domador… En fin, cualquier día se enamora del león del circo y tenemos una desgracia.

¿Y Alberto? No sabemos si es víctima de la maldición (aunque algunos dicen que sí porque lo me más quería de este mundo era su flequillo) pero que conste que muchos madrileños le han echado mil maldiciones peores cuando se cargó de un plumazo las aspiraciones olímpicas de Madrid 2012 cuando preguntó en el Comité Olímpico Internacional si la Capital de España era una capital segura.
¿Qué podemos aprender de esta historia? Varias cosas:
1. No juguéis con las personas y menos cuando estas os quieren.
2. No hay nada peor que una mujer despechada ni nada peor que un hombre que promete demasiado.
3. Chicos, si estáis pensando cortejar a Carlota Casiraghi, ni se os ocurra hacerlo. Magdalena de Suecia es un mejor partido (y ha sido declarada el mejor cuerpo de Suecia).
4. Chicas, si estáis pensando cortejar a Andrea Casiraghi, ni se os ocurra hacerlo. Carlos Felipe de Suecia es un mejor partido ( y es clavadito a Orlando Bloom).
¿Qué os ha parecido? Ahora podéis llamarme Iker Mariñas.
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