El viernes fuimos a ver Casino Royale, la nueva película de Bond, James Bond.
La verdad, Daniel Craig me parece un buen actor (me gusta mucho en Munich y Camino a la perdición). Pero le veo y no sé… creo que le falta algo para ser 007. Quizá es que, para mí, sólo hay un Bond: Sean Connery o, como mucho -y esto me va a granjear muchas enemistades-, Pierce Brosnan. Ved vosotros mismos.



Vaale. Reconozco que no he sido totalmente imparcial al escoger las fotos…
Viéndoles a mí se me antoja que Connery es un Bond elegante, el de Martini y Vodka de toda la vida; Brosnan un Bond chulo y bon vivant de champán; pero Craig tiene pinta de un Hooligang que ha perdido su pinta de cerveza.
El caso es que está muy bien ver los orígenes de Bond, cómo se convierte en espía, cómo se las arregla en su primera misión como doble 0… pero qué queréis que os diga, en Casino Royale eché mucho de menos a Moneypenny (la secretaria de M, enamorada de James y que, en las pelis de Brosnan siempre le metía algún puyazo)… y sobre todo a Q (el técnico que le daba los gadgets). Bien es verdad que Desmon Lewellyn -el actor que lo interpretaba desde 1963 en Desde Rusia con Amor- murió y que John Cleese a mí me parecía un payaso en bata blanca, pero ¡Yo quiero ver a Q explicándole a Bond cómo usar su reloj-láser o lanzar misiles por los faros de su Aston Martin!
Por cierto, desde esta tribuna aprovecho para pedir que el nuevo Q sea Bernard Hill (Sí, damas y caballeros, el mismo que hacía de capitán del Titanic o de Theoden en Las dos torres). Aunque tabién admito sugerencias.
No creo que Ian Fleming pusiera de repente a Q (al que le encantaría cierta página que todos conocemos) y Moneypenny en la primera novela de 007, pero dado que ya llevamos 21 películas de Bond, no estaría de más ser fieles a la tradición. De todas maneras, reconozco que es difícil serlo porque hay cosas de la “filosofía Bond” que se han perdido. Por ejemplo, los gadgets no fascinan a casi nadie en una época de “tecnificación masiva”; ahora se llevan los héroes “torturados y sensibles” (y digan lo que digan, Bond nunca fue de estos); y, sobre todo, la Guerra Fría ya se ha terminado dejando el mundo del espionaje (el ficticio, por supuesto) sin una meta ni razón de ser concretos.
Por otra parte (opine lo que yo opine) cierto es que se agradece la vuelta del viejo James. Un hombre que demuestra que se puede ser viril sin renunciar a la elegancia, a ser un sibarita o a admirar la belleza. Un arquetipo con el que algunos se habían olvidado soñar.
Y hablando de belleza en una peli de Bond (obviando a las chicas, que darían para varios blogs enteros). Aquí tenéis lo “otro” que me encantó de Casino Royale…

Si empiezo hoy a ahorrar, creo que en 2156 será mío. O eso, o empiezo a hacer méritos para el MI6. He pensado empezar vendiendo secretos de estado del Centro Nacional de Inteligencia.
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